
Sumario: "Observaciones en el Fórum Europa" - Comisaria Ferrero-Waldner (29 de septiembre de 2006: Madrid)
Benita Ferrero-Waldner, Comisaria Europea de Relaciones Exteriores y Política Europea de Vecindad, Observaciones en el Fórum Europa, Conferencia «Fórum Europa», Foro Nueva Economía, Madrid
Presidente,
Excelencias,
Señoras y Señores,
Quisiera agradecer a José Luis Rodríguez y al Foro Nueva Economía su invitación a reunirme hoy con ustedes y compartir mis impresiones sobre temas de actualidad.
La semana pasada asistí en Nueva York a la Asamblea General de la ONU, la cita más importante del calendario diplomático.
Como era de esperar, Oriente Medio fue el tema estrella. Discutimos sobre cómo impulsar una paz duradera en el Líbano y solucionar los conflictos persistentes en la región, en especial el que enfrenta a Israel y Palestina. Regreso de Nueva York satisfecha que el Cuarteto de Oriente Medio confirmara la posición de la UE de apoyo a Mahmoud Abbas para constituir un Gobierno de unidad nacional. Un Gobierno que refleje en su programa la renuncia a la violencia, el respeto de los acuerdos del
Gobierno anterior y el reconocimiento de Israel.
Tenemos que defender con firmeza esos principios, pero también ser flexibles y abiertos en la expresión de los mismos. Es necesario lograr una solución regional negociada. La seguridad y la estabilidad no pueden imponerse unilateralmente, sin diálogo o diplomacia.
Pero también es preciso abordar las causas profundas de los conflictos, lo que significa aplicar las reformas económicas, sociales y políticas que reducirán las fricciones sociales y propiciarán la expresión política de los conflictos, lejos de cauces violentos.
Por nuestra parte, esto se traduce en dar un nuevo impulso a la Política Europea de Vecindad. Esta Política pretende extender a los países vecinos el espacio de estabilidad, prosperidad y seguridad de la UE, y sentar las bases de una relación mucho más profunda con los países de Europa Oriental y del Mediterráneo Meridional.
Esta Política se desarrolla con arreglo a planes de acción que hemos firmado, hasta ahora, con 8 países, incluidos Israel, Jordania, el Líbano y los Territorios Palestinos. Dichos planes, establecen bilateralmente y de común acuerdo, contienen parámetros y compromisos que crean las condiciones para una relación más profunda.
Se trata de ofrecerles incentivos suficientes -en forma de participación en el mercado interior de la UE, programas y asistencia técnica y financiera- para impulsar las reformas que los Gobiernos acuerden emprender.
Los planes abarcan una amplia gama de actividades, dirigidas a consolidar la democracia, promover el Estado de Derecho, defender los derechos humanos, liberalizar el comercio, desarrollar las conexiones en los ámbitos de la energía y los transportes, con el propósito de que en última instancia se permita a los países interesados participar en el mercado interior de la UE. Además estamos configurando una zona de libre comercio que facilitará aún más nuestros intercambios comerciales.
La Política Europea de Vecindad no es en sí misma un mecanismo de prevención o resolución de conflictos. No obstante, puede contribuir a crear un clima más propicio a través del fomento de la democracia y la cooperación regional, el impulso de los programas nacionales de reforma y la mejora de las perspectivas socioeconómicas de la región.
Un ejemplo concreto de esta política es Líbano. En el Líbano urge ahora redoblar nuestro apoyo a las prioridades más urgentes del plan de acción de la Política Europea de Vecindad: consolidar el Estado de Derecho y las fuerzas de seguridad, recuperar la economía, crear empleo y generar rentas familiares. Las reformas institucionales y la construcción del Estado son esenciales para la reconstrucción socioeconómica del país y para el éxito de la Resolución 1701 de Naciones Unidas.
Lo anterior se suma a la ayuda de reconstrucción y humanitaria que estamos proporcionando tras el conflicto de este verano. La Comisión Europea ha movilizado más de 100 millones de euros en beneficio de la población libanesa desde que estalló la crisis.
En los Territorios Palestinos, el plan de acción de la Política Europea de Vecindad concede especial prioridad al desarrollo institucional y del Estado. Un Estado palestino bien gobernado, que respete los principios democráticos y actúe de manera transparente y responsable sobre la base de las normas de la economía de mercado, constituye la mejor garantía de seguridad para sus vecinos, en particular para Israel. Desafortunadamente, la situación actual nos ha obligado a suspender muchos de estas
acciones.
A cambio nos hemos concentrado en atender las necesidades humanitarias de la población palestina. Gracias al Mecanismo Internacional Temporal (TIM) creado por la Comisión Europea hemos logrado evitar una crisis humanitaria de enorme envergadura canalizando ayuda directamente a la población. Pero cuanto antes podamos retomar el largo proceso de construcción de un Estado que funcione eficazmente, mejor. Espero que el programa político del Gobierno de unidad nacional de Palestina nos permita
reanudar y proseguir nuestra labor de aplicación de la Política Europea de Vecindad en los Territorios Palestinos.
Por lo que respecta a Israel, el plan de acción de la Política Europea de Vecindad también está contribuyendo al proceso de paz, al dar prioridad al fomento de los derechos fundamentales de todos los ciudadanos. Es la primera vez que conseguimos establecer un comité para debatir cuestiones relativas a los derechos humanos (incluidos casos concretos) con Israel.
Señoras y Señores, quisiera mencionar otra contribución importante de la Política Europea de Vecindad en un asunto prioritario en el actual panorama político español, la migración.
No necesito describir a los presentes los actuales desafíos a los que nos enfrentamos. España debe hacer frente a las cada vez mayores olas de inmigración urgentemente. Las imágenes televisivas del desastre humanitario en las costas europeas nos han impresionado a todos.
El problema dramático y acuciante de la inmigración ilegal exige una respuesta urgente y decidida de toda la Unión Europea. La llegada masiva de inmigrantes ilegales constituye un desafío europeo que requiere solidaridad y una respuesta europea coordinada.
En mi entrevista del mes pasado con la Vicepresidenta del Gobierno María Teresa Fernández de la Vega, le aseguré que la Comisión Europea se toma muy en serio este problema y está intensificando su apoyo. De hecho, he venido hoy a Madrid para participar en la reunión ministerial de países de la UE de la cuenca mediterránea, en la que analizaremos qué medidas adicionales se pueden adoptar para abordar este problema.
En el seno de la Comisión, los Comisarios competentes hemos creado un grupo de trabajo, en aras a la coordinación eficaz de las numerosas actividades y diversos aspectos de la inmigración. Se trata de medidas urgentes, dirigidas a mejorar el control de las fronteras marítimas de la UE, pero también de medidas a más largo plazo, destinadas a abordar las causas profundas de la inmigración ilegal, como la pobreza, la falta de trabajo y perspectivas económicas, los conflictos y la deficiente
gobernanza, a través de la mejora de la integración y la inclusión social, y las políticas relativas a la emigración económica.
Mi labor concreta consiste en impulsar la cooperación con los países extracomunitarios de los que proceden y por donde transitan los emigrantes.
La migración es uno de los elementos básicos de la Política Europea de Vecindad y en el futuro nos hemos comprometido a gastar hasta el 3 % del presupuesto destinado a la región, en torno a 50 millones de euros al año, en aspectos relacionados con ese fenómeno.
En todos nuestros países vecinos estamos financiando proyectos dirigidos a consolidar las capacidades institucionales, modernizar los centros de acogida de refugiados y solicitantes de asilo y luchar contra la inmigración ilegal y el tráfico de seres humanos.
Estamos combatiendo frontalmente la inmigración ilegal, ayudando a nuestros países vecinos a mejorar su gestión, aumentar la seguridad de los documentos y ampliar las capacidades de control fronterizo. El mes pasado, por ejemplo, aumentamos en 30 millones de euros la ayuda a Marruecos para el programa urgente de mejora de la gestión de los flujos migratorios y lucha contra la inmigración ilegal. Ese dinero se invertirá en el refuerzo de los recursos del Gobierno para la vigilancia fronteriza y
de la migración, la mejora del marco jurídico, y la consolidación de las capacidades públicas de policía judicial. En el futuro también nos centraremos en la información y el aumento de la sensibilización de los inmigrantes potenciales.
Estamos negociando acuerdos de readmisión con algunos de nuestros vecinos, incluidos Marruecos y Ucrania. También estamos contribuyendo a proteger los derechos de los migrantes contra los malos tratos, la exclusión, la explotación, el racismo y la xenofobia, con especial atención a la lucha contra el tráfico de seres humanos.
El reverso de la moneda es que la UE necesita la inmigración para hacer frente a la disminución y el envejecimiento de la población. Sin ella nuestros índices de crecimiento caerían en picado en pocos años. No obstante, la migración debe ser legal y estar encauzada. Aquéllos que están planeando emigrar deben ser incitados a hacerlo legalmente. Necesitan consejo y ayuda práctica. Aquéllos que regresan a su país de origen pueden necesitar apoyo para su reintegración. En Marruecos, por ejemplo,
estamos financiando la creación de una sección internacional en el Organismo Nacional de Empleo.
El problema rebasa los límites geográficos de nuestros países vecinos, por lo que también he autorizado la financiación de proyectos urgentes en Mauritania, y haré lo mismo en Senegal. Sé que ésta era una petición específica del Gobierno español.
Todas estas contribuciones son elementos importantes de una respuesta Europea al problema que se nos plantea. Pero desde mi punto de vista, la única forma realmente efectiva de abordar la presión migratoria - que desafortunadamente no es probable que disminuya - es establecer una política europea común de inmigración y una política europea común de integración. Son cuestiones sobre las que deberemos empezar a reflexionar en breve.
Al lado de los problemas de migración y antes de terminar, permítanme mencionar muy brevemente otro tema importante, la seguridad de nuestro abastecimiento energético. No solamente estamos desarrollando el mercado interior de energía - asunto que ocupa también a España - pero consideramos necesario desarrollar una política de energía coherente al nivel europeo frente a nuestros más importantes proveedores como lo es especialmente Rusia.
Dependemos en un 30% de nuestro consumo de energía de Rusia. Por otro lado somos su mercado el más importante. Hemos propuesto negociar un nuevo partenariado de energía, basado en la reciprocidad, con unas claras reglas de mercado, y de seguridad de las inversiones, para el transporte de energía. En el Mediterráneo trabajamos dentro del marco de la Política de Vecindad para establecer mercados regionales en el Maghreb y el Mashrek y conectar estos mercados a la Unión Europea. Esto son solamente
dos ejemplos de las acciones que emprendemos para hacer nuestros suministros energéticos más fiables y asegurar así la competitividad de nuestra industria.
Señoras y Señores, confío en haberles dado una idea aproximada de algunos de los problemas más apremiantes que me ocupan en este momento. La Comisión Europea se ha comprometido a desarrollar una «Europa de los resultados» en la que los ciudadanos puedan ver concretamente el valor añadido de la acción a escala europea. Y éstos no son sino algunos de los ámbitos en los que, colaborando, podemos lograr mucho más de lo que nunca hubiéramos podido conseguir trabajando por separado.
Les agradezco su atención.
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